martes, 28 de septiembre de 2010

Sueño de opio...o no.

Hoy iba caminando ensimismada por la Tomás Marsano (hogar del futuro tren eléctrico), mientras escuchaba I just haven't met you yet, ordenando mis dudas existenciales para atenderlas por prioridad.

Empecé a cantar (mi voz suena mucho mejor con mis audífonos puestos), cuando empecé a ver pequeñas burbujitas blancas iluminadas por el sol de la tarde, que flotaban tranquilamente sobre mi cabeza. No estaba segura de si es que estaba alucinando con hadas o si es que estaba nevando solamente cerca a mi, pero era una vista que transmitía tal tranquilidad que me paré a disfrutarla mientras durara. Ninguna de mis teorías parecía muy realista, pero yo nunca he visto nevar, por lo que no podía afirmar que eso no era en realidad nieve.

Luego de verlas un rato, el encanto se rompió y descubrí que lo que yo llamé mi primera nevada era en realidad pedacitos de tecnopor que caían de la construcción del tren. Me giré, reí y seguí caminando ¿cómo pude pensar en algo así? A veces me sorprende mi inocencia.

Aún así creo que, aunque muchos no lo admitan, siempre existirá esa parte dentro de uno que aún espera su carta para Hogwarts, que cree que hay monstruos bajo su cama o sueña con que algún día lo descubrirán en una cafetería y será el próximo actor o modelo del siglo. Porque el mundo es de los que sueñan y si no sueñas no existes.

El momento duró menos de lo que dura un rayo (de esos si he visto bastantes), pero fueron los 6 segundos más mágicos que he vivido en un tiempo y estoy segura de que no lo olvidaré así de fácil.

Si supiera pintar pintaría esa imagen, si supiera componer, compondría sobre ella; pero como lo único que puedo hacer por ahora es escribir, les dejo este intento de hacerles entender lo que sentí en ese momento.